cuando entran en la carcel salen el doble de millonarios

El ‘lazarillo’ de Luis Bárcenas en prisión

Joaquín, tabernero sevillano, está en Soto del Real por narcotráfico
Generoso y optimista, el centro lo eligió para acoger en su celda de 10 metros cuadrados a Bárcenas. Antes, fue anfitrión de Blesa
“El Abuelo” tiene buena mano con los presos ilustres

GONZALO SUÁREZ Madrid
EDUARDO DEL CAMPO Sevilla
Actualizado: 21/12/2013 20:05 horas

Caía la tarde del viernes 28 de junio cuando Luis Bárcenas aterrizó en el módulo IV de la prisión de Soto del Real (Madrid). Ante tan delicado cliente, los encargados de buscarle un catre eligieron la opción más segura entre las 72 celdas del bloque. “¡Al chabolo del Abuelo!”, le ordenaron.

El Abuelo era Joaquín, un sesentón sevillano que había llegado el 1 de marzo a la cárcel madrileña. Allí terminó su periplo después de que lo arrestaran en Praga mientras hacía de mula de metanfetamina para pagar las deudas de sus bares. Desde entonces, se ha convertido en uno de los presos de confianza de la cúpula de Soto.

Ese 28 de junio, la cama inferior de la litera del Abuelo llevaba siete días vacía. El sevillano vivía solo en su celda desde que soltaron a su anterior compañero, Miguel Blesa, con quien tuvo una convivencia modélica durante dos semanas. Así que el ex tesorero del PP acabó heredando la piltra del ex presidente de Caja Madrid. De VIP a VIP en el chabolo del Abuelo.

Joaquín Mayor López (Sevilla, 1948) jamás imaginó que por su suite de Soto pasarían reclusos con tantas horas de telediario a sus espaldas. Compartir celda es una de esas experiencias que unen a dos hombres. Son apenas 10 m² con una litera, una pequeña mesa y un retrete sin puerta. Allí se pasan encerrados hasta 12 horas al día. Tiempo de sobra para intimar con cualquiera.

El Abuelo ya quisiera haber dispuesto de la milésima parte del botín de sus compañeros de celda. Sin las deudas de sus bares, jamás habría cometido la locura de sacar de Armenia [vía Praga] un alijo de metanfetamina con destino a Sevilla. Un pellizquito de su fortuna le habría sobrado para ponerse al día con la Seguridad Social, que le reclama más de 5.000 euros y que, desde 2011, le ha embargado tres veces.

‘El Abuelo’ es el perfecto ‘cicerone’ de Bárcenas. Comen juntos, juegan a las cartas… Su otro gran amigo del módulo se apellida ‘Capi’

Dentro de lo que cabe, Bárcenas puede considerarse un tipo suertudo. Su compañero de celda en el Alcatraz de los señoritos es un hombre generoso que nunca se arruga ante los infortunios. No hay más que verlo en la foto de portada para darse cuenta de su atractivo campechano. Este hombre, con un cuarto de siglo en el sector de la hostelería en su currículo, cae bien a la primera.

También congenió con su anterior huésped, Miguel Blesa, con quien compartió celda durante dos semanas en junio. Es otro hombre de su quinta a quien sirvió de lazarillo en el módulo IV de Soto. Además, según su hija Isabel, Joaquín es el compañero ideal, puesto que no tiene vicios: “No fuma desde hace 40 años y tampoco bebe alcohol”.

Curiosamente, los tres son andaluces nacidos en agosto: Blesa, el 8 de agosto de 1947 en Linares; Joaquín, el 30 de agosto de 1948 en Sevilla y Bárcenas, el 22 de agosto de 1957 en Huelva. A buen seguro, los dos últimos celebrarán juntos su cumpleaños en unas semanas. Pero ahí se acaban lo parecidos: tanto Blesa –inspector de Hacienda– como Bárcenas –empresario– son universitarios, mientras que su lazarillo se graduó en la escuela de la calle.

En Soto, este título resulta más útil que cualquier doctorado. De ahí que, desde el primer minuto, el Abuelo se convirtiera en el perfecto cicerone de Bárcenas. Le ayudó a evadirse jugando a las cartas, le acompañó a su primera cena en el comedor, le presentó a su amigo Capi, otro de los reclusos más populares del módulo… Incluso le escoltó en su debut en el patio, un momento crucial para cualquier interno novato: “Hola, soy Luis, encantado de conoceros…”.

Vestido con pantalón, camisa y zapatos de sport, Bárcenas, de 55 años, se acercó a los presos con inusitada soltura. Ellos, que le conocían de sobra por los telediarios, se quedaron asombrados por su gesto. Con la ayuda del Abuelo, el máximo responsable de las finanzas del PP hasta 2010 no tardó en amoldarse al ambiente carcelario. Igual que Mario Conde, tiró de carisma –y cartera– hasta que conquistó a sus compis. Invitó a cafés, a refrescos, a cigarrillos… A uno de los internos, incluso, le regaló unos pantalones cortos de color gris.
En la cárcel para largo

“Bárcenas sabe que su estancia en prisión va para largo”, comenta un abogado cercano al caso Gürtel. “Por eso, ha optado por adaptarse rápidamente a su entorno. La gente inteligente y dura suele hacer eso”.

El tesorero apenas tardó unas horas en hacerse querer. Hoy es la estrella indiscutible de su módulo. Algunos internos le pidieron autógrafos; otros, medio en broma, le reclamaron sobres repletos de billetes… Los mismos que, presuntamente, repartió entre la cúpula del PP y que, si lo desea, puede comprar en el economato de prisión [ver apoyo].

Así lo confirman los presos que han salido de la trena estos días. “Es el dios de Soto”, asegura a Crónica un interno búlgaro que abandonó el módulo IV este jueves. “Se le ve feliz. En el patio y en el comedor, siempre está rodeado de un grupo numeroso de gente. Es como El Padrino. Todos los presos le admiran”.

Bárcenas parece totalmente adaptado a la rutina carcelaria. Pero, si algún día se queja, Joaquín ya le explicará que Soto es un paraíso comparado con las cárceles de Pankrác y Ruzyne, en Praga, donde le pillaron con su maleta de metanfetamina. Allí ha purgado tres años de una condena de seis, hasta que el 1 de marzo lo trasladaron a España para cumplir el resto. “Dice que en Soto del Real está rey”, cuenta su hija Isabel en el piso del barrio sevillano de Rochelambert, un bajo donde vivía Joaquín hasta que hace seis años se separó de su mujer.

Cuentan que el Abuelo se enamoró de una treintañera de la Europa del Este. La hija aventura que es rumana, pero ante la duda prefiere llamarla “la rusa”. Joaquín, padre de cinco hijos –dos mujeres y tres hombres– dio un vuelco a su vida y dejó a su mujer. Cerró su cervecería junto al estadio del Sevilla y abrió otro bar en el cercano pueblo de Brenes, adonde se mudó a un piso de alquiler junto a su nueva pareja.

Pero las deudas lo seguían acosando. Oficial primera de mecánica agrícola en la Nissan, sufrió un infarto al borde de los 40 y lo jubilaron. Como la pensión no le daba para criar a sus hijos, se metió en la hostelería. En sus mejores años, tuvo una docena de empleados, a los que tuvo que despedir por la crisis y por sus derroches con “la rusa”. “Hacía muchos viajes con ella, le daba lo que no tenía”, cuenta Isabel, una cocinera que aprendió el oficio de su padre, abuelo de seis nietos.

Joaquín Mayor se convirtió en ‘mula’ de metanfetamina por las deudas de sus bares. Le detuvieron en Praga

En 2009, en plena crisis, alguien le ofreció traerse una maleta sellada con doble fondo desde Armenia. “A la vejez, viruelas”, dice su hija sobre la decisión de su padre. Era una peligrosa tentación: hoy en Sevilla se ofrecen 6.000 euros por llevar una bolsa con droga de Algeciras a Madrid, una cantidad que se multiplica en los encargos internacionales por el riesgo de acabar en una prisión extranjera.

Isabel ignora si era la primera vez que su padre ejercía de mula. Tampoco sabe quién le encargó el trabajito. Pero Mayor debía de ser un novato, porque aquel 1 de noviembre de 2009 lo cazaron a las pocas horas de despegar de Yereván, la capital armenia. En Praga, su primera escala, le abrieron la maleta. Contenía una pequeña bolsa de polvo blanco que valía una fortuna: casi un kilo y medio de metanfetamina como la que rondará este verano por los bares españoles.

En el mismo vuelo capturaron a dos jóvenes hermanos de Jerez de la Frontera que viajaban con la misma misión, aunque no se conocían entre sí. Según la ley checa le podían haber caído hasta 12 años de cárcel, pero por su edad y por carecer de antecedentes la condena se quedó en la mitad, de los que cumplió tres antes de que lo entregaran a España. “Menos mal que no lo cogieron en Armenia”, resopla la hija.

Que lo condenaran por tráfico de drogas fue una cruel paradoja de la vida. Ahora mismo, Joaquín tiene a uno de sus hijos en la prisión de Morón de la Frontera, en Sevilla. Allí purga los delitos que cometió por su adicción a las drogas.

Su estancia en las cárceles de Praga fue un tormento. Sin embargo, lo soportó con entereza. “Los vigilantes, que allí son militares, le dieron varias palizas”, cuenta su hija. “Él se quejaba de la comida que le daban, porque tiene diabetes y está mal del corazón. Lo pasó fatal”.

El hombre rollizo de la foto se consumió. Perdió 30 kilos. Se le cayeron los dientes. “Tenía que pagar la luz de la celda”, cuenta Isabel. “Mi madre le enviaba cada semana 60 o 70 euros. Pero a él nunca le llegaba el dinero porque en la cárcel se lo quedaban diciendo que era para cubrir los gastos. Le mandamos la tarjeta sanitaria europea, pero no se la aceptaron y tenía que pagarse sus medicamentos”.

Así se dejó el Abuelo sus 30 kilos de peso. Pero no la sonrisa: “Me llamó y me dijo riendo: “Me han tenido 10 días en un tubo””, recuerda Isabel. “Le habían metido como castigo en una celda de dos metros a oscuras. Le pasaban la comida por debajo de la puerta, como a los perros. Pero me lo contaba de buen humor”.

Sea Blesa, Bárcenas o un condenado anónimo, el Abuelo siempre ha dado muestras de generosidad. Días antes de unas Navidades, su familia envió a su agujero de Praga el paquete de hasta ocho kilos que le permitían cada seis meses, pero, enriquecido para las fiestas con jamón, queso y bombones: “Luego nos contó que se había dado “un homenaje con los niños de Jerez”, como llamaba él a los hermanos… Él lo que tiene, lo comparte”. ¿Compartirá en buena reciprocidad Bárcenas con Joaquín los bienes que le envíe su esposa Rosalía a Soto del Real?
https://www.elmundo.es/cronica/2013/12/21/52b497eb22601dd3308b456e.html

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