Quiénes son los seis detenidos y las claves en la Operación Alquería

Jorge Rodríguez era el mejor situado por su cargo en la diputación y su ambición para la sucesión de Ximo Puig. Toda una carrera política abocada al sumidero por la mancha de la corrupción
alfons garcia | valència 28.06.2018 | 04:15
Los registros de la operación anticorrupción que ha acabado con la detención de Jorge Rodríguez

Jorge Rodríguez cumplía el martes 39 años. Acudió a València a la toma de posesión del nuevo delegado del Gobierno y regresó a Ontinyent, su ciudad, donde tenía agenda que atender en la alcaldía. Ni pensaba en esos momentos en el regalo que le tenía preparado la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) de la Policía Nacional.

Rodríguez ha sido el rostro más destacado de la nueva hornada de jóvenes alcaldes socialistas. En 2011, con poco más de 30 años, llegó al despacho principal del Ayuntamiento de Ontinyent con el apoyo de Compromís y Esquerra Unida. Cuatro años después, arrasaba y se hacía con una aplastante mayoría absoluta (14 concejales, seis más que en 2011) que lo situaba aún más en el escaparate de nuevos valores del PSPV.
La consecuencia, casi lógica, fue señalarlo para un puesto en el mapa institucional valenciano. Cosas de la vida, fue el entonces secretario institucional del PSPV, José Manuel Orengo, el que promovió a Rodríguez para presidente de la Diputación de València. Joven, de las comarcas centrales y poco provincialista. Perfil idóneo para una institución que los socialistas cuestionan históricamente y que consideran que solo tiene sentido como satélite de las políticas de la Generalitat. La idea se impuso a pesar de que no todos en Blanqueries la compartían.

Lo que viene después es un proceso común en estos casos: la emancipación del elegido en cuanto se siente fuerte en el cargo y abrazado en el partido. Una pieza clave es el jefe de gabinete elegido por Rodríguez, quien ya le había acompañado en el crecimiento político en Ontinyent: el periodista Ricard Gallego. Ha sido en estos años el escudero armado del presidente de la diputación, por donde pasaban todas las decisiones que se tomaban.

El indicio de que Rodríguez quería tener su propio camino, institucional y político, lo marca la dimisión a principios de 2016 de Orengo, que había sido su primer jefe de gabinete en el Palau de Batlia. Hombre de confianza del líder del PSPV y presidente de la Generalitat y buen conocedor del entramado administrativo, el exalcalde de Gandia tenía que ser el puente con el Palau de la Generalitat y quien dirigiera los primeros pasos del alcalde de Ontinyent en la corporación provincial. La renuncia fue el reflejo de que algo no fluía como debía.

Casi simultáneamente llegaba el primer golpe de autoridad de Rodríguez. Pasa a querer controlar la empresa pública que aún se llamaba Imelsa con el relevo de José Ramón Tíller (cercano a Orengo) y la colocación de alguien próximo (Víctor Sahuquillo) como cogerente.

El aparato de gobierno montado en la sociedad intervenida, que sufría aún las consecuencias del paso por allí como gerente del yonqui del dinero, Marcos Benavent, se empieza a desmoronar. El director jurídico, José Luis Vera, también queda apartado al poco, después de una polémica por el intento de contratación de una letrada que se considera próxima al PSPV.

Del objetivo de la limpieza de una empresa contaminada por la corrupción (incluido cambio de nombre: Divalterra ahora) se pasa a una etapa de conflictos continuos, en la cúpula y con los gobernantes de la diputación.

Acaba con una derrota de Rodríguez, que ha de aceptar la cabeza de Sahuquillo después de que se conocieran los tiques de los gin-tonics que había cargado a la empresa. Rodríguez amenaza con cerrar el tinglado, pero nunca pasa a los hechos.

Es el momento en que la figura de Rodríguez se empieza a debilitar. Y la imagen de perfecto sucesor al liderazgo de Ximo Puig en el PSPV se empieza a resquebrajar. No sale todo lo bien recompensado que esperaba de la lucha por la secretaría general entre Puig y Rafa García (el hombre de José Luis Ábalos y los que habían estado siempre al lado de Pedro Sánchez en la batalla interna del PSOE). Sale como portavoz de la ejecutiva del PSPV, pero por detrás de Manolo Mata y no por encima de otros jóvenes con aspiraciones, como José Muñoz y Carlos Fernández Bielsa.

Las dudas después a la hora de plantar batalla a Mercedes Caballero (la primera de las huestes de Ábalos) en la carrera por la dirección del PSPV en la provincia de València y la decisión final, compartida con Puig, de dejarlo estar vuelven a dañar la imagen del perfecto aspirante.

Él siempre ha negado esas aspiraciones, pero cada uno de sus pasos, perfectamente medidos por Gallego, han sido pensados con el objetivo a medio plazo de ascender de palacio. Próximo a Puig, pero manteniendo las distancias, nadie hubiera dudado hasta ayer de que era uno de los favoritos al cartel del PSPV el día después de Puig.

Ricard Gallego: La mano derecha que diseñaba el camino hacia la Generalitat
Licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universitat de València y Máster en Comunicación Política y Electoral por la Autónoma de Barcelona. Ricard Gallego (Llosa de Ranes, 44 años) trabajó en Levante-EMV desde 1992 y hasta 2011, cuando se embarcó en el proyecto político de Jorge Rodríguez. Llegó a Ontinyent como jefe de gabinete de alcaldía y Comunicación y tras arrasar en 2015 con una mayoría absoluta en Ontinyent se convirtió en el jefe de gabinete de Presidencia en la diputación, cargo en el que se ha afianzado como mano derecha de Rodríguez y desde el que ha trabajado con la vista puesta en la sucesión en el Palau de la Generalitat.

Jorge Cuerda: El ascenso meteórico del hombre fuerte del presidente en la gestión de Divalterra
Jorge Espirindio Cuerda Mas aprobó la oposición para letrado de la Diputación en 2005, aunque poco después se marchó con una excedencia a ayuntamientos como Sueca, Calaf y Rocafort. En su regreso, con Rodríguez al mando, Cuerda fue adscrito al área de presidencia para fiscalizar Divalterra, Egevasa y Girsa. En abril de 2017 pasó a ser jefe de sección del asesoramiento jurídico y en noviembre fue ascendido a secretario del consejo de administación de Divalterra, siendo el hombre de confianza de Rodríguez en la empresa pública, de la que se ha hecho cargo con una gestión personalista y de la que sólo rinde cuentas ante el equipo de Rodríguez.

Manuel Reguart: Hijo del anterior alcalde socialista de Ontinyent y asesor en la diputación
Manuel Reguart (Ontinyent, 37 años), ingeniero de profesión, es hijo del que fue alcalde de Ontinyent entre 2003 y 2007. Después de trabajar como responsable de Edificación y Obra Civil de la firma Mango, Jorge Rodríguez lo reclutó para iniciar su mandato en la diputación. Militante socialista y colaborador en el programa electoral de Rodríguez en Ontinyent, Reguart llegó para ocuparse de la coordinación de las obras y el día a día de la corporación provincial, aunque Rodríguez barajó ofrecerle ser el jefe de su gabinete. Finalmente, Reguart acabó adscrito como asesor del presidente de la Diputación de València.

Agustina Brines: La gerente elegida por Compromís para «limpiar» la antigua Imelsa
En las negociaciones del llamado «Pacte del Botànic», PSPV y Compromís acordaron una gerencia doble para la reconversión de Imelsa. La elegida por la coalición valencianista fue la exalcaldesa de Simat de la Valldigna Agustina Brines Sirerol (Simat, 48 años). Graduada en Relaciones Laborales y Recursos Humanos, trabajó en diversos escalones de Radiotelevisió Valenciana (RTVV) y siete años en el Centro de Empleo, Estudios y Formación de Burjassot antes de aterrizar en Divalterra. En 2017, una de las vicepresidentas de la Diputación, Rosa Pérez (Esquerra Unida), acusó a Brines de querer apartarla de Divalterra por querer evitar un «pelotazo» de 635.000 euros.

Xavier Simón: El último en llegar que ocupó la vacante de Sahuquillo
Xavier Simón Alventosa fue alcalde de l’Alcúdia de Crespins con el PSPV entre 2004 y 2006 en virtud de un acuerdo con el Bloc. Fue nombrado cogerente de Divalterra en noviembre de 2017, elegido para el cargo por Rodríguez después de ser el coordinador de los asesores socialistas en la institución provincial. De esta manera, ocupó la vacante dejada un año antes por Víctor Sahuquillo, hombre de confianza de Rodríguez, tras su renuncia por el escándalo por las copas con cargo a la empresa. Pese a su llegada como cogerente de Divalterra junto a Brines, para algunos las principales decisiones del consejo de administración pasaban en la actualidad por por Cuerda.

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