el negocio de los erasmus de la constitucion de enrique alvarez conde

La existencia de un constitucionalismo europeo no es una cuestión nueva en los actuales planteamientos dogmáticos. De hecho, podría decirse que la existencia de un ordenamiento jurídico europeo común es contemporánea de los distintos intentos de creación de una organización supranacional europea, cuyos antecedentes históricos han de rastrearse siglos atrás. La gestación de este derecho lleva aparejada la necesaria aparición de una serie de principios comunes a todos los Estados democráticos europeos, que conducirían a la existencia de un llamado Derecho constitucional material europeo común. El problema consistiría en determinar cuáles son esos principios comunes.

Desde hace cincuenta años los europeos estamos construyendo una Europa que, al ser fundamentalmente una unión de Estados, respeta la personalidad jurídica y el interés nacional de cada miembro -cumpliendo así con aquella «Europa de las patrias» preconizada por el General De Gaulle- y representa para el resto del mundo un ejemplo de estabilidad política y bienestar económico. Así, en el Consejo Europeo de Läeken celebrado los días 14 y 15 de diciembre de 2001, se aprobó una declaración sobre el futuro de la Unión con la que se iniciaba el camino que habría de desembocar en la elaboración de una constitución para los ciudadanos europeos. La declaración dio comienzo al más ambicioso proyecto de reforma de la Unión Europea hasta la fecha, que deseaba asegurar la eficaz capacidad de reacción de una Unión ampliada en un mundo globalizado. El Consejo de Läeken se convertiría así en el punto de partida de este importante proceso constitucional.

El presidente de la Convención para el futuro de Europa, Valéry Giscard D’Estaing, que redactó el borrador de la Constitución europea, afirmó que el texto constitucional debería entrar en vigor, después de un período de dos años de ratificaciones nacionales que, a su juicio, deberían ser exitosas. Además, se mostró satisfecho por el hecho de que el texto acordado entre los veinticinco conservara lo esencial del documento originario de la Asamblea que dirigió, que reunió a representantes de los parlamentos nacionales, gobiernos e instituciones comunitarias, y en el que participó también activamente la sociedad civil europea.

El hecho de que veinticinco países, con culturas, posiciones políticas, niveles de desarrollo económico y visiones diferentes de lo que es Europa hayan llegado a acordar un texto completo, detallado y operativo, es ya un paso importante. Con esta Constitución se pone a disposición de los pueblos de Europa un documento que esperamos permita organizar el futuro de la Unión Europea en los próximos decenios. Se trata sin duda de un texto ambicioso, a la altura de lo que necesita Europa, sobre todo a partir de su ampliación, a diez nuevos países. Esa necesidad se hará aún más perentoria cuando se produzca la próxima ampliación, prevista para el 2007.

De esta forma, la Unión Europea se ha ido conformando de manera progresiva, y durante los últimos diez años se ha comenzado a construir una unión política y se ha establecido una cooperación en ámbitos como política social, empleo, asilo, inmigración, justicia y política exterior, además de perfeccionar la política exterior de seguridad y defensa.

La Unión Europea extrae su legitimación de los valores democráticos que proyecta, de los objetivos que persigue y de las competencias e instrumentos de que dispone. Pero este proyecto europeo obtiene también su legitimidad en unas instituciones democráticas, transparentes y eficaces. Por ello no debemos dejar de tener en cuenta que es preciso aproximar las Instituciones europeas al ciudadano, que desea unas instituciones menos lentas y rígidas, en definitiva, más eficientes y eficaces. Por otra parte, fuera de sus fronteras, la Unión Europea se enfrenta asimismo a un entorno mundializado en rápida mutación, y por ello, Europa debe asumir su responsabilidad a partir de la globalización.

El proceso «constituyente» que vive Europa debe asentar los valores fundamentales y necesarios para defender los intereses comunes de los europeos y contribuir al objetivo de la paz, seguridad y desarrollo sostenible.

Sin duda alguna, tanto los trabajos de la Convención como los de la Conferencia Intergubernamental deben ser valorados positivamente, máxime si pensamos en los antecedentes de las tres Conferencias Intergubernamentales anteriores. Con ello, parece haberse cerrado un ciclo histórico en el proceso de construcción de la Unión Europea, caracterizado por el hecho de que cada vez que se daba un nuevo paso (Maastrich, Ámsterdam, Niza), inmediatamente se adoptaba la decisión de proceder a su modificación.

En definitiva, la Constitución europea va a lograr, entre otros aspectos, los siguientes:

– Una mejor sistematización, mediante la simplificación de los Tratados anteriores de la Unión en un solo documento.
– La constitución de una Unión Europea como unión de Estados y ciudadanos.
– Consagración, a nivel normativo, del principio de primacia del Derecho de la Unión.
– La elaboración de un catálogo de Derechos Fundamentales jurídicamente vinculante.
– El fortalecimiento del Parlamento Europeo y de la Comisión Europea como órganos comunitarios.
– La creación de un Ministro de Relaciones Exteriores que haga más visible la Unión en el exterior.
– Configuración del Tribunal de Justicia como auténtico Tribunal Constitucional de la Unión.
– Importantes avances en la materialización del espacio de libertad, seguridad y justicia.
– Notable aumento de las decisiones adoptadas por mayoría cualificada.
– Reparto de competencias más claro y mayor control de la distribución competencial.
– Elección del Presidente de la Comisión Europea por el Parlamento, con la consiguiente influencia de los ciudadanos a través de las elecciones europeas.
Este texto sugiere así la unidad económica y la unidad monetaria, pero también la unidad de códigos, unidad que pudiéramos interpretar como unidad jurídica y constitucional, objetivos que sólo podrían lograrse tras largos y costosos empeños.

En definitiva, hoy es preciso hacer frente a nuevos retos que llevan a la Unión Europea a reconsiderar su papel, a mejorar su funcionamiento, a encontrar nuevos cauces de progreso y de democracia, y para todo ello la Constitución Europea supone un paso más que importante. La Constitución Europea desarrollará los principios y objetivos sobre los que se asienten las políticas que deban servir para definir los objetivos comunes, para acordar una estrategia para alcanzarlos y para adaptar las instituciones a estos fines, dotándolas de medios y estructuras coherentes con las ambiciones declaradas.

Hoy, culminado el proceso de ampliación más ambicioso de la historia de la Unión, nos encontramos a las puertas de la ratificación de esta Constitución Europea, y hemos de comprometernos a seguir avanzando para hacer de Europa una realidad más presente en la vida cotidiana de nuestros ciudadanos. Precisamente ésta es una de las finalidades que nos han llevado a la publicación de esta obra.

Sirvan pues estas líneas para introducir al lector en esta obra, que no habría sido posible sin la intervención de Francisco Camps Ortiz, Presidente de la Generalitat Valenciana, que acogió con entusiasmo nuestra iniciativa. Y prestó todo su esfuerzo para que se hiciese realidad.

Asimismo, quisiera agradecer el indispensable apoyo institucional prestado por el Consejo Jurídico Consultivo de la Comunidad Valenciana y, muy especialmente, por su Presidente, Vicente Garrido Mayol, quien aportó desde el primer momento su esfuerzo y su ilusión por ver este proyecto realizado. Desde la Universidad, que ha sido siempre mi principal ámbito profesional, no puedo dejar de subrayar la dedicación y el cuidado con que una institución destacada del mundo jurídico, como el supremo órgano consultivo valenciano, ha querido implicarse en el debate académico sobre la construcción de Europa, referente futuro y actual de cualquier desarrollo jurídico en nuestro país. Vaya, así pues, al Consejo Jurídico Consultivo mi especial agradecimiento, por su valentía y decisión al embarcarse en este apasionante proyecto.

Igualmente hay que destacar, porque es de justicia, que la obra no hubiera podido llevarse a cabo sin la eficaz coordinación realizada por Susana García Couso, cuyo trabajo y buen quehacer universitarios son dignos de todo elogio.

Pero la realización de estos Comentarios a la Constitución europea que, como es obvio, no pretenden ser exhaustivos, se debe a todos sus autores, los cuales, a través de un esfuerzo inimaginable, han logrado, en un breve espacio de tiempo, la elaboración de una serie de trabajos de indudable calidad científica. A todos ellos mi más sincero agradecimiento.

Enrique Álvarez Conde
Catedrático de Derecho Constitucional
Universidad Rey Juan Carlos

http://portales.gva.es/cjccv/castellano/pubCCE.html

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