Crean una aguja ultrafina para introducir fármacos en el cerebro

Crean una aguja ultrafina para introducir fármacos en el cerebro

Investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés), en Estados Unidos, han ideado un sistema miniaturizado que puede administrar pequeñas cantidades de medicamentos a regiones cerebrales tan pequeñas como 1 milímetro cúbico.

Este tipo de dosificación específica podría permitir el tratamiento de enfermedades que afectan a circuitos cerebrales muy específicos, sin interferir con la función normal del resto del cerebro, dicen los investigadores.

Usando este dispositivo, que consiste en varios tubos contenidos en una aguja tan delgada como un cabello humano, los científicos pueden administrar uno o más medicamentos en las profundidades del cerebro, con un control muy preciso sobre la cantidad de fármaco que se administra y hacia dónde va. En un estudio de ratas, descubrieron que podían suministrar dosis específicas de un medicamento que afecta a la función motora de los animales.

“Podemos infundir cantidades muy pequeñas de medicamentos múltiples en comparación con lo que podemos hacer por vía intravenosa u oral, y también manipular los cambios conductuales a través de la infusión de medicamentos”, explica el profesor asistente de Desarrollo de LG Electronics, Canan Dagdeviren, autor principal del documento sobre este dispositivo, que aparece en la edición de este miércoles de Science Translational Medicine. “Creemos que este pequeño dispositivo microfabricado podría tener un tremendo impacto en la comprensión de las enfermedades cerebrales, así como proporcionar nuevas formas de entrega de productos biofarmacéuticos y realizar biosensores en el cerebro”, añade otro de los investigadores principales de este artilugio, Robert Langer, profesor del Instituto David H. Koch en el MIT.

Los medicamentos que se usan para tratar los trastornos cerebrales a menudo interactúan con sustancias químicas cerebrales llamadas neurotransmisores o los receptores celulares que interactúan con los neurotransmisores. Algunos ejemplos de ellos son l-dopa, un precursor de dopamina usado para tratar la enfermedad de Parkinson, y Prozac, utilizado para elevar los niveles de serotonina en pacientes con depresión. Sin embargo, estos fármacos pueden tener efectos secundarios porque actúan en todo el cerebro. “Uno de los problemas con los medicamentos para el sistema nervioso central es que no son específicos, y si se toman por vía oral, van a todas partes. La única forma en la cual podemos limitar la exposición es administrarlos a un milímetro cúbico del cerebro, y para hacer eso, hay tener cánulas extremadamente pequeñas”, señala el coautor Michael Cima, profesor de Ingeniería en el Departamento de Ciencia e Ingeniería de Materiales y miembro del Instituto Koch para la Investigación Integral del Cáncer del MIT.

El equipo del MIT se propuso desarrollar una cánula miniaturizada (un tubo delgado usado para administrar medicamentos) que podría apuntar a áreas muy pequeñas. Usando técnicas de microfabricación, los investigadores construyeron tubos con diámetros de aproximadamente 30 micrómetros y longitudes de hasta 10 centímetros contenidos dentro de una aguja de acero inoxidable con un diámetro de aproximadamente 150 micras. “El dispositivo es muy estable y robusto, y puede colocarse en cualquier lugar que interese”, dice Dagdeviren.

Los investigadores conectaron las cánulas a pequeñas bombas que se pueden implantar debajo de la piel. Usando estas bombas, los autores demostraron que podían administrar pequeñas dosis (cientos de nanolitros) en el cerebro de ratas. En un experimento, administraron un medicamento llamado muscimol a una región del cerebro llamada sustancia negra, que se encuentra en las profundidades del cerebro y ayuda a controlar el movimiento.

Estudios previos han demostrado que el muscimol induce síntomas similares a los observados en la enfermedad de Parkinson. Los investigadores lograron generar esos efectos, como estimular a las ratas a que giren continuamente en el sentido de las agujas del reloj, usando su aguja de suministro en miniatura. También demostraron que podían detener el comportamiento parkinsoniano al administrar una dosis de solución salina a través de un canal diferente, para eliminar el fármaco. “Dado que el dispositivo puede adaptarse a cada persona, en el futuro podemos tener diferentes canales para distintas sustancias químicas, o para la luz, para atacar tumores o trastornos neurológicos como la enfermedad de Parkinson o la patología de Alzheimer”, augura Dagdeviren.

Este dispositivo también podría facilitar el suministro de nuevos tratamientos potenciales para los trastornos neurológicos conductuales, como la adicción o el trastorno obsesivo compulsivo, que pueden ser causados por interrupciones específicas en la forma en que las diferentes partes del cerebro se comunican entre sí. “Incluso si los científicos y los médicos pueden identificar una molécula terapéutica para tratar los trastornos neuronales, sigue existiendo el formidable problema de cómo administrar la terapia a las células correctas, las más afectadas en el trastorno. Debido a que el cerebro es estructuralmente complejo, de nuevo se necesitan con urgencia formas de administrar medicamentos o agentes terapéuticos relacionados a nivel local”, añade la también autora del artículo Ann Graybiel, profesora del Instituto MIT y miembro del Instituto McGovern de Investigación del Cerebro del MIT.

Los investigadores también demostraron que podrían incorporar un electrodo en la punta de la cánula, que se puede usar para monitorizar cómo cambia la actividad eléctrica de las neuronas después del tratamiento con medicamentos. Ahora están trabajando en la adaptación del dispositivo para que también se pueda usar para medir los cambios químicos o mecánicos que ocurren en el cerebro tras el tratamiento con medicamentos. Las cánulas se pueden fabricar en casi cualquier longitud o grosor, lo que permite adaptarlas para su uso en cerebros de diferentes tamaños, incluido el cerebro humano, según los investigadores.

quien reescribe los examenes suspendidos por culpa de las fechas, yo puedo volver a la universidad o no me dejaran

Una mandíbula hallada en Israel reescribe la prehistoria

La salida de África de los humanos modernos se adelanta 50.000 años

Un fragmento de mandíbula encontrado en Israel es el fósil humano más antiguo que se ha hallado fuera del continente africano. Los huesos, pertenecientes a un Homo sapiens que vivió hace entre 200.000 y 175.000 años, indican que nuestra especie salió de África y empezó a conquistar el resto del mundo mucho antes de lo que se pensaba. En su estudio han participado varios investigadores españoles.

 | 25 enero 2018 20:00

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 La exitosa dispersión y conquista del planeta por parte del Homo sapiens empezó mucho antes de lo que se creía. / José Antonio Peñas-Sinc

La cueva de Misliya en Israel, uno de los yacimientos prehistóricos localizados en el monte Carmelo, escondía los huesos humanos más antiguos hallados fuera de África. Los registros fósiles encontrados hasta el momento señalaban que los Homo sapiens se aventuraron fuera de África hace unos 100.000 años. Pero el nuevo hallazgo podría ayudar a entender una parte de la historia de la evolución humana.

Según los tres métodos independientes de datación empleados, el fósil tiene una antigüedad de entre 200.000 y 175.000 años

Un gran equipo internacional de científicos, liderado por la Universidad de Tel Aviv en Israel, ha descubierto un fragmento de mandíbula superior junto a varios dientes que pertenecieron a uno de los primeros Homo sapiensque partieron de África. Según los tres métodos independientes de datación empleados, el fósil tiene una antigüedad de entre 200.000 y 175.000 años.

El estudio, publicado hoy en Science, sugiere así que los humanos comenzaron a conquistar el mundo unos 50.000 años antes de lo que se pensaba.

“En los textos clásicos sobre evolución humana se recoge que la historia de nuestra especie es una historia bastante reciente y exclusivamente africana. Sin embargo, el hallazgo de Misliya revela que la historia del origen de H. sapiens, y sobre todo, la de su exitosa dispersión y conquista del planeta empezó al menos 60.000 años antes”, indica a Sinc María Martiñón-Torres, coautora del trabajo y directora del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH).

Aunque los rasgos de la mandíbula pertenecen a humanos modernos, también aparecen características y patrones de otras especies humanas como neandertales u otros grupos. “Uno de los desafíos en este estudio fue identificar las características en Misliya que se encuentran únicamente en humanos modernos. Estos son los rasgos que proporcionan la señal más clara de qué especie representa el fósil de Misliya”, apunta Rolf Quam, coautor e investigador en la Binghamton University (EE UU).

El equipo, que ha contado también con la participación de Juan Luis Arsuaga del Centro UCM-ISCIII de Evolución y Comportamiento Humano y de José María Bermúdez de Castro del CENIEH, entre otros investigadores españoles, ha comparado de manera “detallada y exhaustiva” la anatomía del fósil con la de una amplia muestra de fósiles europeos, africanos y asiáticos desde los últimos dos millones de años hasta ahora.

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Mandíbula fósil hallada en la cueva Misliya. / Israel Hershkovitz

“Esa comparación se ha realizado mediante el análisis de rasgos y medidas clásicas, pero también a través de análisis de forma tridimensional gracias a la aplicación de técnicas de imagen como la microtomografía axial computarizada. La conclusión es que la morfología del fósil hallado en Israel es claramente moderna, y está fuera de la variabilidad de neandertales y otros homininos arcaicos”, detalla Martiñón-Torres. 

Cazadores saliendo de África  

Además de los fósiles, los científicos hallaron herramientas de piedra cerca del yacimiento moldeadas según una técnica muy sofisticada denominada Levallois. Se trata de la primera asociación conocida de esta tecnología con fósiles de humanos modernos en esta región, por lo que los investigadores relacionan la aparición de esta técnica con la del Homo sapiens en esta zona.  

Los habitantes de la cueva de Misliya eran hábiles cazadores de grandes presas y controlaban la producción de fuego

El uso de estas herramientas indica que los habitantes de la cueva de Misliya eran hábiles cazadores de grandes presas, controlaban la producción de fuego y tenían en su poder un kit de herramientas de piedra del Paleolítico inferior, similar al encontrado con los primeros humanos modernos en África.

“Hace unos 180.000 años existía una población en Israel con una anatomía y cultura similar a la de los primeros humanos modernos de África. Se trata de una población de cazadores de grandes presas, como uros y gacelas, con herramientas sofisticadas y perfecto control del fuego”, recalca la directora del CENIEH. 

Aunque los fósiles más antiguos de Homo sapiens se encontraron en el yacimiento de Jebel Irhoud (Marruecos), para los investigadores, las rutas migratorias que los humanos modernos usaron para salir de África y el momento en que lo hicieron son clave para comprender la evolución de nuestra especie.

En este sentido, la región de Oriente Próximo representa un corredor importante para las migraciones de homínidos durante el Pleistoceno. Esta zona ha sido ocupada en diferentes momentos tanto por humanos modernos como por neandertales.

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Localización de las herramientas y fósiles encontrados en Misliya (200.000-175.000 años de antigüedad) y Jebel Irhoud (315.000 años de antigüedad). / Rolf Quam-Binghamton University

El PP español, único defensor del ‘impuesto al sol’

 

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El PP español, único defensor del ‘impuesto al sol’

La semana pasada el Partido Popular volvió a defender, contra toda lógica, el ‘impuesto al sol’. Esta vez fue en Europa, concretamente en el Parlamento Europeo, donde el PP se posicionó contra todos, incluidos sus compañeros conservadores, para evitar que se elimine el ‘impuesto al sol’.

Los eurodiputados españoles del PP votaron a favor de mantener los intereses de las grandes eléctricas por encima de los derechos de los ciudadanos. Votaron por penalizar que la ciudadanía pueda producir su propia energía y por mantener un sistema injusto en el que los beneficios se anteponen a las necesidades de la sociedad. Y votaron en definitiva contra el uso racional de nuestros recursos y contra el medio ambiente.

Afortunadamente, derogar el ‘impuesto al Sol’ en toda Europa no depende del PP español y existen posibilidades de tumbarlo a medio plazo. La votación en Estrasburgo fue un primer paso en esta batalla que se va a librar en Europa a lo largo de todo el año.

El Consejo (a favor de mantener el ‘impuesto al sol’), el Parlamento (en contra) y la Comisión Europea (que defiende el derecho al autoconsumo) deben alcanzar una posición definitiva de Europa a lo largo de este 2018. Sabemos que hay muchas presiones y muchos intereses creados alrededor de este tema, pero desde Greenpeace, junto con el apoyo de miles de personas y asociaciones, seguiremos luchando para derogarlo.

Por eso a partir de ahora, necesitaremos hacer toda la presión posible a lo largo de unas negociaciones que serán duras y de las que saldrá una Directiva de Renovables que podría por fin terminar con el ‘impuesto al sol’.

Una científica rompe el silencio sobre los contratos ilegales en centros de investigación

Una científica rompe el silencio sobre los contratos ilegales en centros de investigación

La química Cristina García fue despedida tras denunciar al Ciemat por haber pasado 10 años trabajando con contrataciones temporales

Cristina García denunció al Ciemat tras 10 años trabajando con contratos temporales.
Cristina García denunció al Ciemat tras 10 años trabajando con contratos temporales. JAIME VILLANUEVA

Cristina García quería ganarse la vida con la ciencia, pero ahora está en el paro e inmersa en una batalla legal con el Estado. Esta licenciada en química de 44 años es especialista en protección radiológica. En 2006 consiguió un contrato temporal en el Centro Nacional de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (Ciemat), uno de los siete organismos públicos de investigación que dependen del Ministerio de Economía. Su destino fue el Laboratorio de Metrología de Radiaciones Ionizantes (LMRI), que por ley establece los patrones de radiación a nivel nacional. Este centro calibra las máquinas de radioterapia de los hospitales españoles para que los enfermos de cáncer reciban la dosis adecuada y regula las medidas de protección para las personas que operan máquinas de rayos x, entre otros servicios a organismos públicos y empresas.

 

Diez años después de su llegada al Ciemat, en 2016, García había prosperado en su carrera. Primero fue nombrada supervisora del laboratorio de radioterapia y después pasó a serlo en el de rayos X, aunque lo hizo empalmando contratos temporales con cargo a proyectos científicos. Cuando finalizaba un contrato y firmaba uno nuevo, el Ciemat le obligaba a devolver el finiquito del anterior contrato, asegura. El día que expiraba su último contrato, en marzo de 2016, sin tener la seguridad de ser renovada, decidió denunciar al Ciemat.

Una sentencia aprecia fraude de ley por estar cubriendo un puesto fijo con contratos temporales

El pasado abril, el juzgado de lo social número 20 de Madrid le dio la razón. Consideró su despido improcedente y reconoció que sus contratos temporales estaban en fraude de ley, pues estaba cubriendo un puesto fijo. El juez condenó al Ciemat a readmitir a García o a indemnizarla.

Sus jefes y compañeros escribieron a Ramón Gavela, director general del Ciemat, pidiendo que le readmitiesen. “No considero conveniente hacer una excepción”, respondió Gavela. “Todos los trabajadores saben que nuestro compromiso de mantener los puestos de trabajo estructural necesarios para el organismo es firme y que hacemos todo lo posible para mantenerlo; pero también saben que si algún trabajador denuncia, el centro se posiciona en contra, como es natural, y utiliza todos los mecanismos legales a su alcance”, escribió Gavela en un correo electrónico al que ha tenido acceso Materia. La política del centro es en este caso la misma que siguen otros organismos públicos de investigación: no readmitir a nadie que denuncie si la sentencia no les obliga a ello.

Un científico joven que ha pasado 10 meses en el paro esperando a que le renovaran no ve otra salida que aceptar estas condiciones para seguir trabajando 

Tras el despido de García, el laboratorio de rayos x estuvo cerrado un año y medio. Nadie más en el Ciemat tenía la formación y el conocimiento acumulado para sustituir a García. El problema fue denunciado por dos inspecciones del Centro Español de Metrología y del Consejo de Seguridad Nuclear, este último encargado de velar por la seguridad nuclear y la protección radiológica de las personas y del medio ambiente. En la actualidad García está cobrando el paro, cuidando de su hija de ocho meses, y a la espera de que el Tribunal Superior de Justicia de Madrid confirme su sentencia, aunque eso no es lo que le gustaría.

 

“Yo no quería denunciar”, explica García sentada en una cafetería de Madrid mientras pasa la mano por la carpeta en la que lleva copia de su sentencia, los contratos, los acuerdos que firmó para renunciar a los finiquitos. “Estaba contentísima con mi trabajo y solo quería mi puesto. No se puede tener a una persona que has formado y en la que has invertido dinero trabajando en esta situación de inseguridad. Me da tanta rabia esta injusticia de no estar en el Ciemat por una represalia que no me importa salir y dar la cara”, explica.

La suya “fue una pérdida brutal”, explican fuentes del centro muy cercanas a García que no quieren ser identificadas por miedo a represalias. “Ella se quedó sin trabajo y a nosotros se nos fue un cerebro ya formado”.

Para Paz Avilés, una doctora en física que trabaja en el laboratorio LMRI con un puesto fijo de funcionaria, el origen del problema hay que buscarlo en la falta de una estrategia para la ciencia en España. “Este problema existe en todos los centros de investigación públicos y afecta tanto a personas con perfiles técnicos como de investigador”, señala. En el Ciemat, el tipo de trabajo es tan especializado “que las dos únicas opciones que hay es conseguir quedarse aquí o irse al extranjero, lo que no siempre es fácil si tienes pareja o hijos”, asegura.

Otros dos científicos del mismo centro en situaciones similares han declinado dar sus nombres por miedo a castigos. Uno de ellos es un joven con doctorado que pasó 10 meses en el paro entre contrato y contrato temporal y que no ve otra salida que aceptar estas condiciones para seguir trabajando en lo suyo. “La sensación es que los que denuncien y se intenten presentar a una plaza nueva nunca la conseguirán”, dice. “Ese mensaje del miedo lo han transmitido muy bien”.

Tras el despido de García, el laboratorio de rayos X estuvo cerrado un año

La otra persona afectada llevaba 12 años trabajando en el Ciemat, siempre con contratos temporales. Primero fue responsable de calidad de todo el LMRI y después sumó el cargo de supervisora del laboratorio de centelleo líquido, encargado de calibrar soluciones de compuestos radiactivos en agua que sirven para que las centrales nucleares midan la contaminación en las aguas que vierten a los ríos, por ejemplo, o analizar el carbono 14 del vino para demostrar que no está adulterado con alcohol industrial. Esta licenciada en química de 45 años y con dos hijos denunció al mismo tiempo que García. Ha sido despedida e indemnizada y ahora se está preparando unas oposiciones para regresar al Ciemat, pues estaba haciendo el doctorado en este centro. “Mi trabajo me gustaba y no tengo opción de irme a terminar la tesis a ningún otro lugar de España”, asegura. Tras dos sentencias que confirmaron el fraude de ley de sus contratos, ahora espera la sentencia de un recurso que interpuso para conseguir ser readmitida. “Ya no cuento ni con la justicia ni con la suerte, solo con currármelo”, señala.

El Ciemat no ha querido comentar el caso de García ni el resto de los mencionados, a preguntas de este diario. Fuentes de la dirección explican que el centro tiene 1.300 empleados, 300 de ellos con contrato temporal a cargo de proyectos de investigación o costeados por el propio centro, los llamados contratos de cupo. Dentro de ese último colectivo han denunciado “del orden de cuatro [personas] entre 2009 y 2016”, aseguran.

El Gobierno espera aprobar este año una “tasa para la estabilización del empleo en organismos públicos de investigación, fundaciones y consorcios que permitirá la contratación indefinida de hasta 2.500 científicos y técnicos con más de tres años de antigüedad”, que irá incluida en la ley de Presupuestos Generales del Estado de 2018, asegura un portavoz de la secretaría de Estado de I+D+i en el Ministerio de Economía.

El número de denuncias en el Ciemat se multiplicó el año pasado. En 2017 hubo unas 30 y un tercio de los demandantes tuvieron que ser readmitidos, según CC OO. En los últimos años, en el Ciemat ha habido 26 casos de empleados que denunciaron y tuvieron que ser readmitidos, de un total de 409 en todos los Organismos Públicos de Investigación, añaden. No tienen cifras disponibles de los que fueron despedidos e indemnizados.

En los últimos años ha sido cada vez más complicado para los centros de investigación encajar el tipo de trabajo que hacen los científicos y otro personal técnico con las rigideces de la administración y los derechos que garantiza la legislación laboral. A esto hay que sumarle los efectos de la crisis, los recortes en ciencia, la falta de nuevos puestos fijos y temporales y la anquilosante fiscalización. En Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) estimó en 2016 que el coste total de las sentencias favorables de empleados que denunciaron ha sido de 2,6 millones de euros desde 2013. En el CSIC, un centro con 11.000 empleados en 2016, “hemos hecho una actualización para identificar los puestos estructurales que podrían ser estabilizables. Estamos hablando de unos 1.500 que ayudarían a reducir la precariedad, que ahora supera el 42% de la plantilla”, explican fuentes de CC OO.

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tiene mas importancia el rey que la sanidad

martes, 9 de enero de 2018

Urgencias hospitalarias: esto se hunde

 
Tengo 42 años, soy médico desde hace 19 y trabajo en urgencias hospitalarias desde hace 17. Adoro mi trabajo, me encanta curar, me gusta la gente, no me imagino dedicándome a otra cosa. Ayer fue lunes y tuve guardia. Hoy me duelen las piernas pero sobre todo me duele el alma y por momentos creo que no voy a poder más. A las ocho de la mañana terminé mi guardia firmando un certificado de defunción y llevo todo el día con un nudo en la garganta. No sé si gritar o llorar. Probablemente ambos.

No estoy triste por mi última paciente; tenía 98 años y murió tranquila, acompañada por su familia y en la intimidad de un box. Habría sido mejor que pudiera haber muerto en su cama, pero estoy satisfecha con la atención que le dimos. Y creo que su familia también. Yo en realidad estoy triste por los casi 30 pacientes que se quedaban en urgencias pendientes de cama y por todos los que se les habrán ido añadiendo a lo largo del día de hoy.

Estoy triste por todos esos pacientes que me recibieron ayer con una sonrisa y un gracias después de esperar 7 horas a ser atendidos. También por todos aquellos que necesitaban una camilla y no podíamos dársela y por esos otros afortunados que sí la tenían, pero se iban a pasar sobre sus 10 cms de colchoneta de espuma las próximas 24 horas. Estoy triste porque me siento como un hámster corriendo en una rueda sin fin sin llegar nunca a un destino.

Hay cosas impredecibles, un accidente grave, una catástrofe… pero hay otras que no lo son. Y la gripe entra dentro de este último grupo. Puede llegar antes o después pero siempre llega. Así que alguien debería haber pensado qué podíamos hacer para minimizar sus efectos. Es cierto, España tiene una población muy envejecida que la hace especialmente susceptible a esta enfermedad, pero los ancianos no cayeron ayer del cielo. Hace años que viene advirtiéndose de este problema así que tal vez alguien debería pensar qué modelo asistencial necesitamos.

El asunto es que es poco popular electoralmente decir que se va a invertir en hospitales de enfermos crónicos y en reforzar la atención primaria. Vende muchísimo más decir que se van a comprar dos máquinas de resonancia magnética que que se va a dignificar la labor del médico de familia.

Todos queremos la última tecnología, los mejores hospitales, aunque estadísticamente es mucho más probable que te beneficies de tener un buen médico de familia que de tener al lado un hospital de tercer nivel.

El problema es que menospreciamos la atención primaria y todos aspiramos al “especialista”, olvidando o ignorando que, desde 2005, es obligatorio que todos los licenciados en Medicina se especialicen vía MIR para trabajar en el sistema público de salud. Así que tan especialista es el traumatólogo como el médico de familia, cada uno en lo suyo.

Pero la atención primaria sigue siendo la hermana pobre, se programan agendas que son completamente inasumibles, pacientes citados cada minuto, consultas forzadas urgentes y, si alguien se pone enfermo, pues el compañero hace trabajo doble. Total para lo que sirve el médico de cabecera…Es cierto que ahora es difícil encontrar sustitutos, en parte porque hay gente que se ha ido fuera de España a trabajar en busca de mejores condiciones laborales, pero también porque alguien no calculó bien cuántos médicos se necesitarían en un futuro.

En fin, que parece que hay alguien que no ha hecho bien su trabajo, alguien a quien votamos cada 4 años pero que sólo piensa en renovar otros cuatro. Ir pasando el tiempo sin grandes escándalos y en la siguiente campaña electoral les volvemos a contar lo de las dos resonancias y a correr.

Y nosotros somos tan tontos que tragamos y nos dedicamos a gritar a la enfermera que nos está atendiendo como puede en urgencias en medio de un mar de camillas, aceptamos sustituir al compañero enfermo sin rechistar, seguimos corriendo sin parar y llorando cuando llegamos a casa después de una guardia infernal. Como el hámster en su noria. Pero yo no quiero ser un hámster, a mí me encanta ser médico.  Sólo quiero poder hacerlo con dignidad.