problemas con los aparcacoches

El asedio de los gorrillas en Valencia

  • La resignación de los vecinos es la nota dominante a la hora de dar propina, mientras sólo unos pocos se niegan a pagar

  • Los conductores sufren el acoso de los aparcacoches en el entorno de hospitales, centros comerciales y zonas turísticas

Durante muchos años ha sido el epicentro de los aparcacoches de Valencia, aunque ayer la actividad era frenética en la prolongación de la Alameda. Si Valencia debe mirar al mar, los gorrillas hace tiempo que lo han hecho y en el tramo desde el puente de Monteolivete hasta l’Assut de l’Or había media docena de personas esparcidas en otros tantos huecos para el estacionamiento.

 

¿Cuánto le ha dado? preguntó LAS PROVINCIAS a un conductor después de que éste entregara una monedas al gorrilla. «Unos céntimos, lo que tenía en el bolsillo», respondió antes de dirigirse al poste de la ORA, para abonar otro tanto al Ayuntamiento. Supone pagar dos veces por dejar el coche, a lo que adujo que son «como de casa, están siempre aquí desde hace muchos años».

La resignación fue la nota dominante en todos los testimonios recogidos por este periódico, un día después de publicar que el Consistorio ha decidido dejar de sancionar a los aparcacoches, salvo que se trate de casos claros de abusos a conductores. En cifras, se ha pasado de 636 multas en 2014 sólo en la campaña de verano en las playas a 66 sanciones el pasado ejercicio.

La concejal de Policía Local, Anaïs Menguzzato, confía en una solución a este problema a través de las ayudas sociales, en concreto gracias a la nueva renta básica de ciudadanía, un subsidio de la Generalitat a personas sin recursos, y donde el Consistorio debe hacer los informes a través de Servicios Sociales.

«Yo lo tengo muy claro, no pagar nada». El portavoz de la asociación de vecinos de Malilla, Alfonso Cortés, abogó por esa alternativa. A su juicio, es la solución al donativo encubierto de coacción que sufren los conductores. Sabe de lo que habla porque el barrio donde vive alberga la mayor concentración actual de aparcacoches, en la trasera del Hospital La Fe.

Hasta que uno no da una vuelta por allí no se percata del problema de movilidad que tienen los usuarios de este hospital. Los laterales y la parte de atrás, hacia la V-30 es un inmenso estacionamiento donde los gorrillas colocan los coches como si fuera un rompecabezas. «La Fe está muy mal planificada en ese aspecto, cualquiera puede darse cuenta», opinó Cortés.

Dos conductores fuman apoyados en su coche, aparcado en doble fila. «Ahora subiremos cuando haya hueco para dejarlo», respondieron. ¿Van a pagar? «Sí, claro», dijeron casi al unísono. Los gorrillas vulneran dos artículos del Reglamento General de Circulación y de la Ley de Seguridad Vial, aunque es público que siempre se declaran insolventes y no pagan las sanciones.

A primera hora de la mañana, la actividad era todavía menor en algunas zonas. En una calle lateral de la Ciudad de la Justicia había sólo un gorrilla a la vista, aunque lo llamativo es que indicaba el estacionamiento sólo a unos metros de vehículos oficiales, algunos policiales y de la Guardia Civil.

También están los que se colocan fuera de los lugares habituales. Dos aparcacoches discutían por controlar sendas plazas de estacionamiento junto a Nuevo Centro, en la vía de servicio de la avenida Pío XII. Un tercero disponía de más plazas para él solo en la avenida Campanar, casi en la marginal izquierda del viejo cauce. Llamaba la atención el gran número de plazas disponibles entre el antiguo hospital y la sede de la Conselleria de Educación, sin gorrillas a la vista.

Otros ofrecían la última plaza disponible, como el situado junto a la estación de bombeo de la calle Ibiza. Con una sonrisa indicaba a los conductores que ya no había más posibilidades. A cinco metros de la verja del corredor mediterráneo, era eso o dar la vuelta para seguir buscando. Pasaron varios vehículos antes de que una joven se decidiera a estacionar y dar la propina.

En el barrio de Nou Moles, donde se sitúa el complejo administrativo 9 d’Octubre, el Ayuntamiento puso en marcha hace años el servicio de colaboradores sociales, condenados a trabajos en beneficio de la comunidad. Ayer no había ninguno ni tampoco gorrillas.

La presidenta de la asociación de vecinos, Casilda Osa, indicó que no padecen de momento este problema, aunque recriminó al Ayuntamiento que no facilite el parking a los vecinos. «Arreglaron un solar en la calle Hermanos Rivas con zahorra pero está lleno de socavones por el efecto de las lluvias», comentó.

La misma falta de planificación que criticó Cortés, al indicar que el hospital La Fe «tiene sólo el acceso en el cruce del bulevar sur con la carrera Malilla. No cuesta nada señalizar la entrada desde la V-30, lo hemos pedido y ni caso». Mientras la Administración decide si coloca una señal indicadora del aparcamiento de La Fe, los gorrillas hacen el agosto todos los días en el estacionamiento más rentable de Valencia

http://www.lasprovincias.es/valencia-ciudad/201702/01/asedio-gorrillas-valencia-20170201004105.html

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