La cuna de la humanidad está en Europa y no en África

Este descubrimiento pone en duda una de las afirmaciones más dogmáticas en la paleoantropología desde Charles Darwin, que es que el linaje humano se originó en África, señalan los investigadores en un comunicado de la Universidad de Toronto. La investigación no pone en duda que el Homo Sapiens se desarrolló en África hace 200.000 unos años, sino el origen de su linaje.

Los chimpancés actuales son los parientes vivos más cercanos de los seres humanos. Dónde vivió el último ancestro común entre ambos es un tema central y altamente debatido en paleoantropología. Los investigadores habían asumido hasta ahora que los linajes divergieron hace entre cinco y siete millones de años y que los primeros prehumanos se desarrollaron en África. Pero el nuevo descubrimiento cuestiona esta teoría.

Los investigadores, Madelaine Böhme, del Centro Senckenberg para la Evolución Humana y el Paleoambiente de la Universidad de Tubinga (Alemania), y el profesor Nikolai Spassov, de la Academia Búlgara de Ciencias, analizaron dos especímenes fósiles conocidos de Graecopithecus freybergi utilizando métodos de última generación.

Prehumanos

Radiografiaron una mandíbula inferior encontrada en Grecia  en 1944 y en un premolar superior encontrado en Bulgaria en 2012 y llegaron a la conclusión de que pertenecían a pre-humanos. Además, Graecopithecus es varios cientos de miles de años más viejo que el más antiguo potencial prehumano de África, el Sahelanthropus, encontrado en Chad, que tiene de seis a siete millones de años de antigüedad.

“Mientras que los grandes simios tienen dos o tres raíces separadas y divergentes, las raíces de Graecopithecus convergen y se funden parcialmente, una característica propia de los seres humanos modernos, de los tempranos y de varios prehumanos, incluidos Ardipithecus y Australopithecus”, explica Böhme.

El equipo de investigación dató la secuencia sedimentaria de los yacimientos fósiles de Graecopithecus en Grecia y Bulgaria con métodos físicos y obtuvo una edad casi sincrónica para ambos fósiles: 7,24 y 7,175 millones de años. “Es en el comienzo del Mesiniano, una edad que termina con la desecación completa del mar Mediterráneo”, dice Böhme.

David Begun, paleoantropólogo de la Universidad de Toronto (Canadá) y coautor de este estudio apunta: “Esta datación nos permite trasladar la división entre humanos y chimpancés al área mediterránea”.

Cambios ambientales

Al igual que ocurría con la teoría de África oriental, la evolución de los prehumanos puede haber estado impulsada por dramáticos cambios ambientales.

El equipo dirigido por Böhme demostró que el desierto del Sahara del Norte de África se originó hace más de siete millones de años. Concluyeron esto basándose en análisis geológicos de los sedimentos en los que se encontraron los dos fósiles de Graecopithecus.

Estos datos documentan por primera vez  que tormentas del desierto del Sahara  transportaron polvo rojo salado a la costa norte del mar Mediterráneo hace más de siete millones de años, aseguran los investigadores. Este proceso también es observable en la actualidad. Sin embargo, el modelo de los científicos muestra que, con hasta 250 gramos por metro cuadrado y año, la cantidad de polvo en el pasado supera considerablemente las cargas de polvo recientes en el sur de Europa, si se compara con la situación actual en la zona del Sahel en África.
 

Sequías e incendios

Los investigadores demostraron además que, contemporáneo al desarrollo del Sáhara en el norte de África, se formó un bioma de sabana en Europa. Con una combinación de nuevas metodologías estudiaron fragmentos microscópicos de carbón vegetal y partículas de silicato de planta, llamadas fitolitos.

Muchos de estos fitolitos identificados derivan de las gramíneas y particularmente de aquellas que usan la vía metabólica de la fotosíntesis C4, que es común en los pastizales y sabanas tropicales actuales. La expansión global de las gramíneas C4 comenzó hace ocho millones de años en el subcontinente indio y su presencia en Europa era previamente desconocida.

“El registro de fitolitos proporciona evidencia de sequías severas, y el análisis de carbón vegetal indica incendios recurrentes”, expone Böhme. “En resumen, reconstruimos una sabana que encaja con las jirafas, gacelas, antílopes y rinocerontes que se encontraron junto a Graecopithecus”, agrega Spassov.

“La incipiente formación de un desierto en el África septentrional hace más de siete millones de años y la expansión de las sabanas en el sur de Europa pueden haber desempeñado un papel central en la división de los linajes humanos y chimpancés”, continúa Böhme, quien llama a esta hipótesis la ‘historia del lado norte’, recordando la tesis del paleontrólogo francés Yves Coppens, conocida como East Side Story, según la cual el cambio climático en África oriental podría haber desempeñado un papel crucial en este episodio.

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