el tercer estado

Una alga espacial para luchar contra la malnutrición en el Congo

14 septiembre 2016

La espirulina, que lleva siglos cosechándose en África y Sudamérica, es uno de los alimentos que los investigadores estudian para que los astronautas la cultiven lejos de la Tierra. La astronauta de la ESA Samantha Cristoforetti fue la primera en comer alimentos con espirulina en el espacio y, ahora, los conocimientos adquiridos van a aplicarse a un proyecto piloto de suplementos alimenticios en el Congo.

Durante los preparativos para sus largas misiones lejos de la Tierra, los astronautas tienen que aprender a cultivar su propia comida. El equipo del Sistema Alternativo de Soporte Microecológico para la Vida, o MELiSSA, busca crear un ecosistema cerrado que convierta de forma continua los residuos en alimento, oxígeno y agua.

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Comida de astronauta con espirulinaAccess the image

La bacteria arthrospira —más conocida como espirulina— es desde hace muchos años un pilar fundamental de MELiSSA, ya que es fácil de cultivar y se multiplica con rapidez. Esta bacteria convierte el dióxido de carbono en oxígeno y puede consumirse en forma de un delicioso suplemento proteínico. Además, es muy resistente a la radiación que se encuentra en el espacio exterior.

Durante su estancia en la Estación Espacial Internacional, el astronauta de la ESA Andreas Mogensen probó barritas de cereales con espirulina cosechada a través del sistema MELiSSA para comprobar su buen sabor en el espacio.

Del espacio al Congo

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Investigando la espirulinaAccess the image

El centro de investigación belga SCK CEN, colaborador del proyecto MELiSSA, lleva participando en él desde el principio. Sus investigaciones sobre la espirulina se centran en aspectos como la expresión génica, la actividad enzimática, cómo la bacteria absorbe la luz, cómo se mueve durante el crecimiento y cómo ingiere los nutrientes. Todo este conocimiento ahora se está aplicando en la ciudad congoleña de Bikoro.

La alimentación en esta región se basa en la yuca, que aporta muy poca proteína, por lo que la espirulina podría suplementar la dieta local con esta sustancia tan necesaria, así como con vitamina A y hierro.

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Cultivando espirulinaAccess the image

La fase piloto estudia cultivar la espirulina en recipientes de agua con bicarbonato de potasio y otros ingredientes locales. Bajo la luz de sol y removiendo la mezcla regularmente, estos recipientes pueden cosecharse fácilmente y producen espirulina suficiente para una familia de seis miembros.

La espirulina se seca y se reduce a polvo. 10 gramos al día espolvoreados sobre la comida son suficientes para cubrir la mayoría de las necesidades nutricionales, añadiendo además un toque ligeramente salado a los platos.

Los empleados del centro de investigación SCK CEN trabajan con empresarios locales para ayudarles a que el sistema tenga éxito tras comenzar su implantación en una aldea.

Y de vuelta al espacio

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También se han previsto experimentos en la Estación Espacial, ya que nadie sabe cómo crecerán en el espacio algunos de los organismos del sistema MELiSSA.

En una serie de ensayos, las bacterias arthrospira se transportarán hasta el módulo Biolab del laboratorio Columbus de la ESA, donde se cultivarán para ver cómo se adaptan a la ingravidez.

“Cuando empezamos a trabajar en MELiSSA hace más de 25 años, nuestra inspiración eran ecosistemas como los que se encuentran alrededor del lago Chad, a unos 1.500 km al norte de Bikoro —explica Christophe Lasseur, responsable del proyecto MELiSSA —. Resulta curioso que nuestro trabajo para crear un ecosistema circular ahora vaya a ayudar a la población local, además de a los futuros astronautas en el espacio”.

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