Así funciona el fraude fiscal

Así funciona el fraude fiscal de las Sicav en Españahttp://www.elespanol.com/economia/mercados/20151023/73742694_0.html

El análisis pormenorizado de 12.000 documentos realizado por EL ESPAÑOL revela que la mitad de estas sociedades está bajo sospecha por usar testaferros. Su regulación entra en campaña.

Un corredor mira la evolución de las inversiones en la Bolsa de MadridUn corredor mira la evolución de las inversiones en la Bolsa de Madrid Nicolás Pérez

“Tanto yo, como mi mujer e hijos somos mariachis de algunas Sicav. Creo que estamos en tres o cuatro en las que tenemos una acción de un euro en cada una de ellas. Además, ese valor no varía, ni te enteras de que la tienes”.

Éste es el relato de un ex directivo de una entidad bancaria que está domiciliada en Madrid y que pide mantenerse en el anonimato. Revela que, junto a su familia, se prestó para ser inversor de relleno en varias Sociedades de Inversión de Capital Variable (Sicav) que gestionaba el banco en el que trabajaba. Es decir, accedió a convertirse en testaferro, los conocidos como mariachis en la jerga financiera.

Las Sicav son sociedades que invierten su capital en activos financieros y se aprovechan de un régimen fiscal favorable: tributan sus beneficios al 1% en vez de al 28%, como lo hacen la mayoría de las sociedades. Para optar a esta fiscalidad deben reunir al menos a 100 accionistas.

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“Lo normal era que llegara el cliente al banco, que solía ser una familia, y que sus miembros se convirtieran en los accionistas mayoritarios de la Sicav que iban a crear. Después, el banco conseguía a los accionistas necesarios para llegar al mínimo legal de 100 y así poder beneficiarse de tributar al 1%”, explica el ex directivo sobre cómo se trabajaba en su banco. También detalla que ésta es la forma habitual de trabajar en el resto de entidades financieras: unos pocos accionistas poseen la mayoría del capital de la sociedad y el resto de inversores, los mariachis, suelen tener una o dos acciones.

Para conseguir estos inversores fantasma “el banco pide a sus empleados que estén dispuestos a figurar como mariachis en las sociedades que gestionan, a tener unas diez acciones de un euro, ya que el objetivo es mantener el negocio de la entidad”, continúa narrando el antiguo banquero. Él mismo, a pesar de haber formado parte del entramado y de considerar “lícito el uso de las Sicav”, advertía a sus clientes de que “estaban jugando con la ley”. Una ley que, desde su perspectiva, “está mal hecha”.

ACCIONISTAS MAYORITARIOS

En los últimos 15 años, la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) ha permitido que los bancos utilicen de forma habitual testaferros para que algunas Sicav alcancen el número mínimo de accionistas exigibles por ley.

Esta semana, estas sociedades vuelven a estar en el ojo del huracán después de que los líderes de los principales partidos de la oposición expresaran su deseo de regularlas de nuevo. Podemos quiere acabar con todas ellas mientras que Ciudadanos y PSOE prefieren devolver el control fiscal de las SICAV a la Inspección de Hacienda.

Según el análisis de datos realizado por EL ESPAÑOL a partir de la información publicada en la CNMV, la mitad de las Sicav registradas al cierre de 2014 estaban controladas por accionistas mayoritarios que poseían más del 90% del capital. Estas sociedades están bajo sospecha por un posible fraude a la Agencia Tributaria. La suma de su patrimonio alcanza casi los 14.000 millones euros, es decir, el 44% de todo el dinero que mueven estas sociedades.

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Además, un tercio estaba bajo el poder de un solo accionista mayoritario que poseía más del 99% del capital de la sociedad o por un grupo reducido de inversores cuyas acciones sumaban ese mismo porcentaje. Es decir, una sola persona era dueña de la Sicav, o esa persona junto a sus hermanos, su mujer e hijos se repartían la sociedad.

Como consecuencia de este resquicio legal, hay Sicav en las que figuran inversores que tan solo han aportado uno o dos euros y el grueso del capital está en manos de los accionistas mayoritarios. Existen 700 Sicav en las que casi todos sus accionistas tienen una inversión media de menos de 20 euros. O lo que es lo mismo, poseen menos del 1% del patrimonio de la sociedad entre todos y el accionista mayoritario tiene el resto, el 99%.

UNA ACCIÓN DE UN EURO

Esta cantidad mínima de dinero, que habitualmente representa una acción, la deposita el mariachi o es la misma sociedad la que aporta el dinero en nombre del accionista de relleno. “No tienes que justificar que ese euro lo has puesto tú; esa cantidad no tiene trascendencia fiscal, nadie te va a preguntar quién ha pagado una acción”, cuenta el ex banquero. También explica que “la acción se adquiere mediante un contrato de compraventa normal y corriente, se firma y la operación aparece en el sistema”.

“En ocasiones ese dinero ni se mueve. ¿Un euro? Se da por recibido en la sociedad. Es todo una cuestión de papeleo para el administrador de la Sicav, que tiene que apuntar que mengano ha puesto un euro y fulano otro euro”, narra el ex directivo. Todo este proceso de sumar accionistas fantasma se realiza con el único objetivo de reducir el pago de impuestos a sus clientes y así mantenerlos en la entidad.

Al contrario que en España, en el resto de la Unión Europea no es necesario exprimir la ley para que una Sicav se beneficie de un régimen fiscal favorable, pues no hace falta reunir a 100 inversores. Países como Luxemburgo no exigen un número mínimo de accionistas, ya que la directiva europea que regula estás instituciones de inversión no contempla ninguna restricción en cuanto al número de socios.

UNA PRÁCTICA COMÚN

Entre 2003 y 2005, el Cuerpo Superior de Inspectores de Hacienda intentó regularizar estos vehículos de inversión. Llevaron a cabo investigaciones en las que no solo comprobaron si las Sicav tenían al menos 100 accionistas, sino que fueron un paso más allá y analizaron quiénes eran cada uno de esos inversores. Como resultado de estas pesquisas, los inspectores levantaron cientos de actas en las que describieron el uso sistemático de testaferros en estas sociedades: todas ellas presentaban más de 100 socios en sus escrituras, pero una gran parte de los accionistas habían sido colocados para llegar al número mínimo de inversores que exige la ley.

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